Invaders On My Back



(Verse)
I knew we'll land into an outspace peak
Love watching you suffer like nothing you've seen

(Chorus)
Invaders on my back
Catastrophe on bold
Invaders on my back
Taken from my home

(Verse)
Reserved every henchman
Four days at a time
You attend the ?
Taking over your mind

(Chorus x2)
Invaders on my back
Catastrophe on bold
Invaders on my back
Taken from my home




Me preguntaron la hora y no pude darla. La dí, pero mal. No pude interpretar las agujas. Me encontré mirando el reloj sin entenderlo. Y me gustó. Basta cerebro, vas a perder.
Hoy salí a sacar fotos. Elegí el barrio de mi escuela primaria. Repetí el trayecto que hacía mi padre cuando nos llevaba todas las mañanas en su auto. Llegué a la cuadra del colegio y estacioné el auto. Reemplacé el lente de 50 mm que tenia colocado en la cámara por un 28 mm, esperaba poder sacar una toma amplia de los edificios; quizás después cambiaría de lente para capturar detalles.
Dejé el auto frente a la puerta de mi jardín de infantes. Creo que hoy sigue siendo igual a cuando yo era chico, solo que ya no es un jardín de infantes. La puerta sigue siendo verde, aunque el techo de tejas creo que no estaba. Recuerdo un material translúcido, algo así como un policabornato. Y esa cochera era antes un taller de manualidades. De todas formas, allí fui dos años, y era muy chico. Posiblemente haya cambiado todo, pero no tengo forma de recordarlo con precisión.

Mi primaria fue demolida. Construyeron una casa muy grande de ladrillos con doble barricada. Entre rejas negras, se filtra un jardín verde que no parece albergar demasiados recuerdos alegres. En ese lugar estaba mi primaria, y es para mí un lugar feliz. Tengo un montón de recuerdos. La mayoría de mi infancia está en ese lugar. O estaba, dado que ya no hay nada allí. Recorrí lentamente la propiedad reconstruyendo la vieja fachada en mi cabeza. Y pude hacerlo. Recordé que de chico yo ceceaba. Al menos hasta tercer grado. Lo hice hasta que fui a una fonoaudiologa. No fui muchas veces. Quedaba a cuatro o cinco cuadras del colegio, e iba al mediodía. Recuerdo que fui sólo caminando, y que tenía miedo. Yo mismo me daba cuenta que quizás era demasiado chico como para caminar solo hasta allí, pero lo hice. Lo que me daba miedo, en realidad, era un puente curvo que era bastante oscuro, y yo debía pasar por debajo. Hoy pasé por debajo de ese puente. Ya no es curvo ni oscuro. Ahora es recto, tiene colores y es moderno. De las citas con la fonoaudiologa solo retuve la forma correcta de pronunciar las palabras, y un cuento sobre una disputa. Era un cuento sobre un héroe que enfrentaba a un gigante, y que habían resuelto dirimir sus diferencias decidiendo que quien tirara una piedra más alto, ganaría. El gigante tiraba la piedra, y no recuerdo si pasaban horas o días, pero finalmente caía la piedra. La había tirado muy alto. Pero, el héroe, siendo inteligente, se apresuró a agarrar una piedra y sin que el gigante lo notara, tomó en su mano un pájaro. Es obvio que cuando lo tiró éste nunca volvió y entonces ganó. En su momento pensé que ese tipo era brillante, pero en realidad el gigante era un imbécil. Seguramente que ese cuento estaba plagado de letras para desafiar mi ceceo. Imagino que no ha sido gratuito que me hiciera leer ese cuento, pero de todas formas, no creo que haya ido más de tres veces a su casa, y el tema finalmente quedó solucionado. Tan fácil fue, que hoy creo que lo mío era un tema más psicológico que de dificultad de aprendizaje. Intuyo que era una forma de llamar la atención. Recuerdo que mis ojos, mi nariz que en ese entonces era un botón y me ceceo, eran una fórmula irresistible para agradar y ser notado. Casi que podía sentir la nostalgia en algunos mayores cuando veían que ya no hablaba como un crío.

Estuve largo rato caminando, intentando reconocer cosas de una infancia que pareciera que no hubiera existido. Es como si alguien, sistemáticamente, se hubiera encargado de borrarlo todo. Es posible que yo haya sido ese alguien. Yo suelo hacer esas cosas. Pero en este caso, es como si hubiera caído una bomba y hubieran tenido que reconstruir todo. Solo que no pudieron o no quisieron hacerlo igual a como estaba. La escuela media a la que iba es hoy una torre. Volví para la primaria y en el camino pasé por lo de una pareja de amigos para ver si quizás estaban, pero su casa no parece estar habitada, y además está en venta.


No pude sacar muchas mas fotos. Ya no hay nada allí. Solamente caminé absorto en mis pensamientos, dudando de mi existencia por no poder encontrar una conexión con una infancia que es tan palpable como cualquier otro pensamiento en mi mente. Y es posible que todos esos recuerdos sean tan reales como la infinidad de realidades imaginarias que creo en mi mente diariamente. De hecho podría inventarme una nueva infancia completa en mi mente, y asumir una nueva identidad. No sería la primera vez, esto ya lo he hecho. Toda mi infancia está cargada de subjetividad. Son un conjunto de observaciones parciales a cargo de un niño que como todos, ignora demasiadas cosas.

Es complicado no tener un proyecto. Quizás lo tengo, pero sentado arriba es difícil verlo. El problema es que mis objetivos siempre son gigantes. Ir a la luna sería una propuesta ambiciosa. Lograr doblar una cuchara con la mente sería otra. Pero lograr estar bien es un objetivo que ni siquiera se acerca a un viaje espacial o al dominio de alguna nueva facultad de la mente. Quizás en principio, el fin no parezca grande, pero la complejidad del trayecto es aterradora. 
Hoy vivo en un mundo repleto de fantasmas y precipicios. Es un lugar incómodo, solitario y frío. Por momentos encuentro paz en la gente que quiero, en la lectura, en la escritura, en la música, en la fotografía o en hechos ordinarios de la vida que me entretienen y llaman mi atención. Son los momentos en que me encuentro. Pero luego siento el viento frío y la pesadez en el pecho, y se que viene a golpearme con todo lo que tiene. Me caigo sin fuerzas en mi cama y me deslizo vertiginosamente hacia las profundidades de un dolor inmanejable que es mucho más antiguo que yo.

Sunday Morning

El domingo pasado, a la noche, tuve la necesidad de escuchar esta canción. Más tarde, el lunes, abrí el diario y me enteré que murió Lou Reed ese domingo a la mañana. Me dio pena, pero me alegré que me hubiera nacido la necesidad de escucharlo.


La resurrección del Maestro Orlok

Y un día, el Maestro Orlok entendió que se había puesto muy dramático, y entonces terminó con su rabieta. Con su mano, tomó el aire contenido en un crisantemo y se lo sopló en su nariz. Y así se dio la resurrección del Maestro Orlok.

¡Y a nadie le importó un carajo! Pero eso lo tiene sin cuidado al Maestro Orlok; estamos hablando del amo de las espirales, ¡Él ES el centro de la espiral! ¿Qué le podría importar la atención de las insignificantes criaturas del planeta tierra? Este es un creador que murió ahogado en su sangre luego de comerse su propia lengua; y que luego revivió soplando aire por sus manos.

Damos por comenzado un nuevo ciclo del Maestro Orlok. ¡Que dicha! Aunque a decir verdad, ¿quién sabe que es lo que trae entre manos en esta vuelta?



Sección de ofrendas para el Maestro Orlok luego de su muerte

Gracias Hermes D.
Elton John - Goodbye yellow brick road


Esta la pongo yo para el Maestro Orlok, porque me gusta mucho.
Es una belleza. Te abre el pecho y te saca a dar una vuelta volando. Lamentablemente, termina.
Claude Debussy - Claro de luna



Finalmente, el Maestro Orlok tuvo su explosión líquida. En 24 hs. quedó vacío.

Tocó fondo y finalmente, murió.

A partir de ahora será solamente una cáscara, una piel deshechada.
Gracias por todo, Maestro Orlok, fuiste un gran alter-ego mientras duró.

Ya no hay nada mío en Orlok, ahora es solamente un personaje.



Hace algunos días vengo sintiendo la necesidad de matar al Maestro Orlok. Lo he hecho ya en su doctrina bajo uno de sus evangelios apócrifos, pero no fue más que un juego. Me refiero a matarlo realmente. Planificarlo, organizarlo, ejecutarlo y luego comunicarlo.
Es una excelente idea, debo matarlo.

"Excuse me" - Joya de Peter Gabriel de su primer álbum solista
La música hace permeable al cuerpo. Te saca a pasear a través de los capilares. Te abre el pecho y saca todo. Solo queda la música. Por eso dicen que calma a las fieras. No conozco ninguna otra manifestación artística que produzca algo parecido. Por eso admiro profundamente a los músicos. Y les agradezco.
Hay diversas formas de explotar. Uno puede explotar como un sapo. Esto se puede lograr comiendo.

(tierra)
Comiendo muchos huevos duros se logra una explosión bien centrada en nuestro punto medio geométrico. El cuerpo estalla del centro y hacia todas las direcciones de modo bien potente.

Comiendo mogul en cantidades industriales la explosión comienza en la garganta y sube hacia la cabeza volando la tapa de los sesos. Se puede llegar a vivir hasta seis días sin cabeza luego de una explosión de Mogul.

Comiendo maní, el proceso es largo y tedioso, y termina por ser opuesto al caso de la ingesta de mogul. La explosión comienza en el bajo vientre y explota hacia abajo de modo muy desagradable. La agonía se extiende por 48hs hasta que el humano muere solo.

(agua)
La explosión líquida se puede dar por tristeza, o por una ingesta desmedida de cerveza combinada con una severa obstrucción urinaria.

(aire)
La explosión gaseosa en general acompaña a la explosión por ingesta de maní. No hay registros de una explosión gaseosa espontánea en seres humanos. Las únicas que se han documentado han sido artificiales; principalmente, casos de gente que se conecta a tubos de helio como medio de liberación. En estos casos la consciencia flota por la estratosfera durante 24 hs. riendose a carcajadas de modo agudo e irritante.

(fuego)
La explosión inmaterial sucede cuando todos los componentes inmateriales que tiene el hombre comienzan a girar aumentando progresivamente su velocidad y temperatura. En el campo, estos casos se explican diciendo que a alguien le ha crecido el alma. Catedráticos han explicado este fenómeno diciendo que el recipiente es indeformable (se refieren al cuerpo humano), y que las emociones y necesidades del alma aumentan exponencialmente su volumen llevando la presión a un punto de inestabilidad que en la mayoría de los casos es irrecuperable. La potencia de lo inmaterial es arrolladora. Demuele y lastima a escala planetaria.

Tengo mis momentos oscuros. Este es un momento oscuro. Momento en que me acuesto a dormir y por un momento, me seduce no despertarme. Y eso es demasiado oscuro para mí, yo no soy así. Creo que voy a explotar.

Terrapin

Hacia la noche del sábado y todo el domingo murmuré esta canción. No pude parar de hacerlo. Tanto que le saqué el polvo al bajo y me puse a seguir la melodía. El domingo me enteré que era aniversario de la muerte de Syd Barrett, y de pronto me pareció importante que no pudiera parar de cantar esta melodía.


Terrapin (por David Gilmour)


I really love you and I mean you 

The star above you, crystal blue 
Well, oh baby, my hairs on end about you... 

I wouldn't see you and I love to 
I fly above you, yes I do 
Well, oh baby, my hairs on end about you... 

Floating, bumping, noses dodge a tooth 
The fins aluminous fangs all 'round 
The clam is dark below the boulders hiding all 
The sunlight's good for us 

'cause we're the fishes and all we do 
The move about is all we do 
Well, oh baby, my hairs on end about you... 

Floating, bumping, noses dodge a tooth 
The fins aluminous fangs all 'round 
The clam is dark below the boulders hiding all 
The sunlight's good for us 

'cause we're the fishes and all we do 
The move about is all we do 
Well, oh baby, my hairs on end about you... 

I really love you and I mean you 
The star above you, crystal blue 
Well, oh baby, my hairs on end about you


El constructor de mundos

Pasan los años, y sigue haciéndo las mismas cosas. Es el problema de ser un hábil constructor de mundos. Tiene mucha facilidad para inventar realidades y a veces, le pasa que se las cree. Y entonces se obsesiona. Especula mucho y responde preguntas que él mismo formula con la ayuda de números aleatorios y fórmulas matemáticas. Y sobre respuestas invisibles, el hábil constructor de mundos construye. Cree tener el don de la intuición, pero no es más que una mentira, una excusa para poder usar las hipótesis que extrae. Y las usa como materiales de construcción de los mundos que él hace. Y así construye sobre preguntas sin respuestas y sobre hipótesis que rara vez comprueba. Apila una sobre otra de un modo que sea conveniente y agradable a la vista, de acuerdo con una lógica de dudosa imparcialidad.

El hábil constructor de mundos hoy vive en un mundo que él construyó.



El loro huevetas

El loro huevetas era un personaje simpático que estaba siempre acompañado por un amigo que tenía por recurrencia las flatulencias. Ambos eran personajes de una ficción de la que el padre de un amigo era autor e intérprete. Y las flatulencias nunca fueron fingidas, eran bien orgánicas.

Cordial y amable como era, siempre acepté las invitaciones a pasar varios días en lo de mi amigo. Ya desde pequeño había sido entrenado para soportar sin rechazar. Y eso hice, muchas veces. Tomando aviones bajo la supervisión de azafatas y al llegar, empezaba a contar los días. Intentaba reconstruir el rostro de mi madre en mi cabeza. No lo podía hacer. Eso me frustraba.

En una oportunidad tuve la suerte de tener por compañía a un segundo que era tan visitante como yo, y nos confabulamos.  Y entonces ya no conté los días. Pero hicimos un terrible quilombo en el baño a altas horas de la noche, y el autor de las crónicas del loro huevetas nos corrió por las escaleras y a los gritos. Juró que nos pondría en un avión a Buenos Aires a la mañana siguiente, pero lamentablemente no lo hizo. Mi compañero se asustó y se fue, y yo me quedé solo contando los días y reconstruyendo a mi madre.

Muchos años mas tarde vengo a darme cuenta que yo era el loro huevetas, y mi amigo, claramente se cagó.





estoy muy triste. Uno de mis héroes de la infancia se está muriendo. Se lo están comiendo por dentro. Es joven pero se ayuda con un bastón. No tiene fuerzas para comer, ni tampoco para hablar. A mi me gustaba que siempre tuviera buenas anécdotas. Y sabía contarlas. No me importaba que no fueran absolutamente ciertas. O que estuvieran levemente adornadas. Eso es arte. Por esa razón todos vibraban con sus relatos.

siempre fue el peor ejemplo, pero para mi era un gigante. Nunca voy a olvidar sus mil vidas. Prefiero recordarlo con sus camisas coloridas, su perfume y su impuntualidad. Alguna vez me dijo, o me hizo saber que yo era su predilecto. Me hizo pasar por inspector de la DGI. Me hizo modificar un membrete para apretar a alguien que no recuerdo, haciéndonos pasar por policías. Pintó el escudo de San Lorenzo en la puerta de su casa. Uno de sus perros se comió el dedo de un ladrón. Lo secuestraron, sobrevivió, se hizo amigo de la policía y salió en nuevediario. Hoy camina lento, habla lo que puede y come lo que puede. No tiene aire. Estornuda y se le retuercen los órganos. Estoy muy triste, se está muriendo y no lo sabe. Hoy dijo que cree que ya no tiene cáncer, y yo no se cómo ayudarlo para que se prepare.

El hombre del ascensor


Como cualquier niño, mi infancia la pasé en un pozo. Al igual que la mayoría, tuve una madre. Pero la mía murió. Se cayó por el hueco de un ascensor. Mi padre siempre fue distante, el estaba en la superficie mientras yo pasaba mis tardes hablando con las lombrices y comiendo piedritas del suelo.


Pasaron cuarenta años y tengo un trabajo. Me visto de traje todos los días, perdí algo de pelo y tengo mal aliento. En el ascensor me entretengo hablando con las mujeres que viajan conmigo. Ellas algún día serán madres y las amo por eso.